A Arnaldo Albornoz lo despidieron con el himno nacional y con el clamor de la justicia

El llanto desmedido de los familiares de Arnaldo Albornoz, quien fue asesinado el pasado domingo en Caracas, resonaba en medio de las interrogantes que formulaban sus parientes y amigos. “¿Por qué Dios mío? Siempre vas estar con nosotros”, le decía un familiar que miraba el ataúd donde yacía el cuerpo del “más temido de farándula” del programa La Bomba de Televen.

Armando Altuve | El Pitazo

Unas señoras sentadas en el pasillo cercano a la capilla Imperial de funeraria Vallés, donde velaban a Albornoz, rememoraban las noticias que trascendieron de su asesinato, planteaban un hipotético escenario sobre si el artista no hubiese salido tarde de fiesta en la que se encontraba aquel domingo cuando le arrebataron la vida de varios disparos para robarle el carro.

A pocos asientos de donde estaban las señoras, se encontraba el actor de doblaje Juan Carlos Vázquez, quien le da vida Doña Griselda. “Me asesinaron a un hermano”, lamentó Vázquez, quien recordó que también fue víctima del hampa en varias oportunidades, a pesar de que vivió para contarlo. “Acá en este país hace falta voluntad para resolver el problema de la inseguridad”, sostuvo.

La indignación y la consternación por la inseguridad y la partida de Albornoz llevó a sus compañeros incluso a tomar cartas en el asunto: plantean acudir a la Asamblea Nacional (AN) este miércoles, 18 de enero, a las 9:00 de la mañana para denunciar el asesinato y exigir al Parlamento que acelere los proyectos de ley que se han discutido para solventar el flagelo que cobró la vida de más de 28.000 venezolanos en 2016, según el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV).

Lusmairyn Figuera, presentadora del programa Vitrina, señaló que la iniciativa busca pedir el cese a la impunidad y a concienciar de que el problema de la violencia afecta a todos los venezolanos, independientemente de que sean artistas o no.

“Queremos que se haya justicia para Arnaldo y para los demás venezolanos que mueren a manos del hampa, porque Arnaldo es la cara visible de un problema que nos afecta a todos”, refirió la animadora, quien aseguró que el tema de la violencia trasciende más allá de lo político. “A pesar de que tenemos impotencia, ni siquiera nos hemos molestado porque el hijo de Maduro haya traído una corona. La violencia va más allá del color político”, sentenció Figuera.

No solo familiares y amigos acudieron al velorio de Albornoz, sino también vecinos y admiradores del presentador de televisión. Cuando el féretro de también actor fue sacado de la capilla, sus seguidores se acercaron en medio de empujones cerca de la entrada del espacio religioso. Se acomodaron como pudieron. Allí un grupo de funcionarios del Cuerpo de la Policía Nacional Bolivariana (Cpnb) y la Policía del Municipio Libertador custodiaron la salida de la carroza fúnebre que se dirigió hasta el Cementerio General de Sur.

Los admiradores de Albornoz aplaudieron al ver el ataúd y cantaron el himno nacional y pidieron justicia. “No lo conocí en persona, pero era talentoso, muy buena gente, lo veía en La Bomba. Me hubiese gustado conocerlo”, soltó Consuelo Cárdenas, acompañada de otras mujeres que lloraron al ver la tristeza que embargaba a la madre de Albornoz.

Fuera de la funeraria volvió resonar el grito de justicia. Las personas que transitaban y manejaban por las cercanías de la Vallés sacaban sus teléfonos celulares para grabar y registrar el momento en que salía la caravana que fue acompañada por los efectivos policiales hasta el camposanto.

Cerca de la entrada al Cementerio General de Sur había presencia de la Guardia Nacional (GN). A cada diez metros había entre dos y tres efectivos castrenses. Un grupo de personas esperaba la caravana al final del bulevar César Rengifo. Al ingresar la carroza fúnebre al camposanto, los admiradores de Albornoz aplaudieron e ingresaron cual estampida detrás del carro.

Dentro del cementerio, en las cercanías de la capilla central, había otro grupo de personas que vitoreó y aplaudió. Los guardias nacionales guiaban a los automóviles que se dirigían a la altura donde está la tumba donde descansaran los restos de Albornoz.

Las personas, en su mayoría habitantes de la parroquia Santa Rosalía –al sur de Caracas– corrieron entre y sobre las demás tumbas del cementerio. Esquivaba hundimientos, maleza, restos de metal y escombros de mármol y cerámica de las parcelas. Al llegar a las cercanías de la fosa, los admiradores se aglomeraron para escuchar el rezo de entierro. Quienes no podían estar cerca, se montaron el techo de un pequeño panteón cercano a la tumba. Niños con uniformes escolares, hombres, mujeres embarazadas y con recién nacidos en brazos cantaron nuevamente el himno nacional.

Llevar el ataúd hasta el sepulcro resultó complicado, en principio, por la muchedumbre. Frente a la fosa estaban sus familiares y amigos cercanos. Vázquez pidió un fuerte aplauso a Albornoz emulando la voz de Doña Griselda y, luego, quebró en llanto. A su lado estaba Vanessa Carmona, quien compartió con Albornoz en el programa La Bomba, y la productora del espacio televisivo, Karla Samaniego.

Pocas caras del mundo artístico se vieron en el cementerio. Fue un acto más íntimo, pero con el acompañamiento de quienes siguieron la carrera de Albornoz en televisión.

“Mi hijo también fue víctima del hampa, me lo mataron hace año y medio. Sus asesinos ya están bien muertos”, señaló Magliany Zerpa, una de las mujeres que acudió al entierro. “A él lo mataron para robarle la moto un 14 de octubre. Hubo justicia”, dijo convencida en medio de la indignación que se respiraba en el ambiente.

Un hombre solicitó otro fuerte aplauso para Albornoz. Hubo niños que se encontraban tomando las flores de las coronas que fueron apostadas cerca de la parcela. Cuando fue sepultado, los admiradores lanzaron las rosas que golpearon a algunos de los presentes. Llanto, resignación, impotencia… El último adiós al más temido de farándula dejaba el aire el clamor de la justicia y un sentimiento de nostalgia. “Arnaldo era nuestro ídolo de La Bomba”.

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